|
Antiguamente los quintos eran los varones que tenían que realizar el
servicio militar obligatorio ese año. Actualmente, tras la desaparición de
la mili, los jóvenes (hombres y mujeres) que cumplen 18 años se reúnen para
mantener viva la tradición.
Hace años
los quintos desfilaban tocando (o haciendo ruido) por las calles de la villa
con utensilios de labranza y otras herramientas. El cabo, es decir, el mayor
de la quinta, llevaba un látigo para mantener el orden.
La víspera
de San Antón por la noche se echaba la hoguera y se caminaba tocando algún
instrumento alrededor de ella. Posteriormente el cabo era arrojado al
lavadero nuevo. Hasta aquí la tradición que se mantiene viva hoy en día.
Antiguamente cuando todavía existía el servicio militar, los quintos se
volvían a reunir cuando se realizaba el sorteo de destinos. Tras pedir
dinero por el pueblo, se desfilaba de nuevo. Esto se convertía en una
auténtica convivencia ya que durante el día convivían en una casa que se
alquilaba para tal fin durante aproximadamente una semana.
|